A lo lejos, justo sobre la línea de los techos se dibuja la silhueta de un arbol agitándose con el viento. Por la forma de sus ramas pareciera ser un voraz cocodrilo surgiendo sobre la superficie del agua, debajo del cielo tormentoso.
Las nubes devoran el horizonte y con cada destello se dibuja la silhueta de un barco. Cada vez más cerca, el cocodrilo rodea el casco… y si conocemos la historia sabremos que se trata del navío de aquel infame pirata.
Luces y sombras firman cada nota del concierto nocturno acompañadas de frenéticas risas provenientes únicamente de una mente perturbada.
Pero cada vez, las estruendosas carcajadas son aplacadas por un creciente tic-tac. El demente parece recobrar su cordura, al recordar que existe algo a lo que sí le teme.
La oscuridad va venciendo la luna menguante y con ella el silencio avanza para reclamar su presa. Ya no existen señas de la embarcación, solamente el sonido de la muerte que se desvanece… tic-tac… tic-tac…. tic…